RUTA 66

ARTICULOS DE LA REVISTA "RUTA 66" ROCK

Monday, July 24, 2006

MARIHUANA: EL CAMINO HACIA UNA NECESARIA LEGALIZACION

SU CONSUMO ESTA SOCIALMENTE ACEPTADO EN NUESTRO PAIS, DONDE FUMARSE UN CHIRRI NO TIENE MAYOR IMPORTANCIA QUE HACERSE UNAS CAÑAS DE CERVEZA. ES MAS, SU CONSUMO PRIVADO ES TOTALMENTE LEGAL. ¿POR QUE ENTONCES SE SANCIONA LA TENENCIA Y EL USO PUBLICO? VARIOS ESPECIALISTAS HABLAN SOBRE LA NECESIDAD DE UNA LEGALIZACIÓN QUE CADA VEZ QUEDA MAS PROXIMA. POR LO MENOS SOBRE EL PAPEL.
Coordino una mesa redonda sobre marihuana en la televisión barcelonesa, la progresista BTV, y me sorprendo ante la avalancha de nueva información sobre el asunto y el rumbo que ha tomado el debate en los últimos tiempos. La iniciativa ha partido del activista Jaime Prats -uno de aquellos pioneros que hace unos años plantaron un campo de cañamo en Reus, para ser llevados ante los tribunales y así crear un precedente de autocultivo legal en un país donde el consumo privado es lícito, meta que finalmente el tribunal supremo ha desestimado por obvias razones políticas- y acuden varios especialistas, los más sorprendentes por los datos y opiniones aportados un catedrático de farmacología y un juez magistrado. No se trata pues de prosélitos interesados, aunque los haya -yo el primero-, ni de fumetas indocumentados.
En camerinos, antes de entrar al plató, se comparten actitudes tolerantes y repulsa hacia la prohibición -salvo por un joven y desinformado representante del PP- mientras se barajan los datos de una reciente encuesta encargada por la revista Cañamo, según la cual un 53´9 % de la sociedad española estaría de acuerdo con la legalización del cannabis. Una legalización que, en la premisa de la encuesta realizada por Sigma Dos, pasaría por tres posibles marcos: bares identificados y reconocibles donde poder adquirir y fumar; autocultivo, es decir, autoabastecimiento por parte del usuario; y, por último, un sistema de licencias desde el cual el Estado podría regular su comercio y fiscalización. Los resultados de la encuesta se volcaban –un 46,1 %- hacia esta tercera opción, la de la legalización total.
Estamos pues ante un problema, la prohibición, que desborda lo médico y lo jurídico, un problema que ya sólo se sustenta en lo político. Son los políticos quienes deben perder el miedo, abandonar la gran hipocresía que sigue camuflando el asunto y, sobre todo, informarse. En un país donde el 40% de la población dice haber consumido cannabis alguna vez, donde el humo de hashis se huele por la calle con toda normalidad, la mayoría de diputados no saben lo que es un porro, creen que la marihuana es igual a la anfetamina, la cocaína o la heroína. Lo siguen metiendo todo en u mismo saco, lanzando campañas alarmistas que bombardean al ciudadano con impactos emocionales cuando lo que se necesita es verdadera información. La principal conclusión a la que llegan los participantes del debate televisivo es que se ha de acabar de una vez por todas con la hipocresía: combatir las drogas prohibidas, los estados no protegen la salud de sus ciudadanos, sino el próspero negocio de las legales como el tabaco y el alcohol.
Los defensores de esa panacea llamada cáñamo tiene siempre algo del proselitismo iluminado que caracteriza a los santones. Hablan de una planta milenaria -las primeras informaciones se encuentran en la China neolítica, tres mil años antes de Cristo-, resistente y ubicua, cuyas propiedades no son únicamente placenteras y terapéuticas, pues del cañamo se pueden derivar toda clase de tejidos, alimentos e incluso combustibles. Sin embargo, se persigue a los consumidores, incluso después de que nuestro Plan Nacional sobre Drogas reconozca que actualmente “la mayoría de las personas que consumen drogas no pertenecen a grupos marginales, sino que están perfectamente integrados en la sociedad, la familia, el trabajo o los centros docentes”. Se multa con una suma que va de las 50.000 a las 500.000 ptas. a quienes incurran en lo que el código penal llama “consumo ostentoso” y “tenencia ilícita”, lo que propicia los registros policiales por la simple apariencia del sujeto y redunda en el problema administrativo: la persona sancionada, aunque haya fumado su primer porro, tiene la alternativa -para evitar pagar la multa- de ser tratado en un centro de deshabituación, lo que ha generado una falsa demanda en dichos centros.
Incluso la utilización terapéutica se ve desasistida legalmente en España, cuando en un país tan anti-drogas con Estados Unidos está normalizada en estados como California y otros. Días antes del foro televisado localmente, saltan dos noticias desde sendos reportajes periodísticos: un joven investigador madrileño tiene problemas para utilizar marihuana en sus estudios sobre la aplicación del cannabis en los tumores cerebrales, y un grupo de mujeres barcelonesas enfermas de cáncer se ven en la ilegalidad por usarla antes y después de cada sesión de quimioterapia, donde está probado que reduce las nauseas y vómitos causados por la medicación. Esta coartada médica sin duda será un principio, aunque tristemente encubierto, para enfrentarse a la hipocresía del estado y los prejuicios de ciertos sectores sociales. El actual partido en el gobierno, por ejemplo.
La información objetiva debe ser el arma principal, una información que se renueva a diario y cuyo interés público lo ratifica el éxito de publicaciones como la citada Cañamo. En el campo científico los descubrimientos siguen llegando pese a que creíamos saberlo casi todo sobre la marihuana y su aceite el hashis. El catedrático en farmacología Joan Ramón Laporte explica que el descubrimiento de los principios activos de la planta es muy reciente. “Se han descubierto unas cuatrocientas sustancias”, dice. “Se han descubierto, y eso es mucho más interesante, receptores que tenemos en nuestro cerebro y en otras partes del organismo que responden a la marihuana. Si tenemos esos receptores donde actúan estos derivados cannábicos, nosotros también los producimos. A partir del año 1996 se conocen estas cannabis endógenas que produce nuestro organismo, y en los últimos años se ha producido una investigación extraordinariamente rica que demuestra la cantidad de papeles que tienes estos cannabinoides endógenos”.
Pero, ¿qué es exactamente lo que nos pone al fumarnos un petardo? “El THC es el principal responsable de los efectos de la planta”, responde Laporte, “pero esta contiene muchas otras sustancias que son de una estructura química similar a la del THC, con algunas acciones similares y otras en algunos aspectos contrarias. Es parecido a lo que pasa con el opio, que tiene distintos alcaloides y cada uno de estos alcaloides es ligeramente diferente. El TCH tiene muchas acciones. En primer lugar, las psicológicas o neuropsicológicas, que controlan el movimiento, por esto se están investigando en enfermedades como la de Parkinson. Controlan sobre todo movimientos de tipo espasmódico, de modo que muchas de las contracciones musculares que tienen algunos enfermos crónicos, como los de esclerosis múltiple, también responden a la administración de THC”.
“Y tiene muchos otros efectos de los que se investigan sus usos terapéuticos”, prosigue Laporte. “Se está investigando en traumatismos craneales graves, en lesiones neurológicas, y los ensayos clínicos que se están realizando dan resultados muy esperanzadores. Parece ser que preserva el daño neuronal, que tiene un papel protector en las neuronas en desarrollo y crecimiento. Los cannabinoides que fabricamos, entre otras cosas, parece que regulan la navegación cerebral. Todo son datos de animales de investigación, tampoco se puede decir que el que fume será más inteligente ni nada similar; hay muchos pasos desde lo que se ve en experimentación hasta lo que se puede aplicar”.
Otro participante ante las cámaras, Jordi Cebrián, periodista especializado en la materia, contrarresta la avalancha de usos terapéuticos citando un texto de José María Mendiluce que, desde una perspectiva humanista, glosa las propiedades del cannabis llamándolo “superador de timideces varias, agilizador de sensualidades, relajador de rigideces y tensiones, estimulante para el deleite musical, incitador de creatividades diversas, motivador de la comunicación de intimidades, promotor de amistades inolvidables, contribuyente para vidas maritales exitosas, generador de ilusiones benignas, compañero de viajes irrepetibles, activador de recuerdos olvidados, amnésico para torturas del pasado e inductor de nobles pensamientos”.
Si tan maravillosa es la maría, ¿por qué sigue prohibida? Según las sanciones administrativas que reciben en sus domicilios paternos muchos adolescentes pillados en un parque haciéndose un mai con los coleguitas, porque su consumo a la vista atenta contra la salud pública. Laporte contradice esta idea al detallar que “según la Organización Mundial de la Salud, la salud no es sólo la carencia de enfermedad sino un estado de bienestar físico, psicológico y social. Preguntemos a los consumidores de cannabis si al fumar un porro no tienen una sensación de bienestar físico, psicológico y social. La salud es un concepto con muchos ingredientes, pero muchas veces se habla sólo de salud física. El problema no es si se debe consumir alcohol, tabaco y otras drogas, sino que la gente aprenda a disfrutar de lo que tiene a su disposición”.
José Luis Felis, juez que sufre a diario el oneroso trámite de denuncias por tenencia -y portavoz de Jueces para la Democracia-, se muestra más claro todavía: “De entrada, no es verdad que el tráfico de drogas tenga relación directa con la salud pública, como reza el capítulo donde se integra ese precepto. Yo creo que es otro, que guarda más relación con el orden público y la seguridad ciudadana, pues la droga es muy cara y para conseguirla se cometen delitos contra la propiedad. El que se hable del tráfico de drogas como un delito contra la salud pública entra en contradicción con un principio elemental, que manejan con normalidad las normas sanitarias, y es que un adulto tiene derecho a someterse o no someterse a un determinado tratamiento médico, la voluntad del individuo cuenta también para aplicarle o no ciertos remedios terapéuticos. En ese sentido, es una hipocresía hablar de salud pública para reprimir el tráfico de drogas”.
Felis participó hace más de diez años en una reunión del Grupo de Estudios de Política Criminal formado por más de ochenta magistrados, fiscales y catedráticos de derecho penal de toda España- donde se planteó una propuesta de legalización de la marihuana. Posteriormente se han ido produciendo adhesiones a ese manifiesto sobre una política distinta de drogas, que diferencia la marihuana y propone que tenga el mismo tratamiento que el tabaco o el alcohol.
Se ha dicho que la marihuana no crea adicción física -como sí lo hacen las llamadas drogas duras, en todo caso psicológica. “El problema es definir qué significa adicción, esto para empezar”, propone Laporte. “Los defensores de la marihuana siempre la comparan con el alcohol y el tabaco, porque es menos nociva. Depende de como lo mires, y sobretodo depende de cuanta tomes, como en todo. Ahora bien, ¿que quiere decir ser adicto? La O.M.S. procura evitar ese término cuando se habla de marihuana como droga. El concepto de adicción tiene significados muy laxos, se debe hablar de dependencia y sobretodo de dependencia física. Un fumador crónico de marihuana, cuando deja de fumar, ¿tiene una enfermedad?, ¿le produce dicha enfermedad mucho sufrimiento e incluso un riesgo de muerte? Se ha dado algún caso, muy raro, y no presentaba sintomatología de dependencia”.
Según Jordi Cebrián, “la dependencia debe ponerse en un contexto. Un estimulante socialmente tan inofensivo como el café produce a partir del uso crónico un síndrome abstinencial muy importante, que se manifiesta en grandes dolores de cabeza y toda una serie de malestares muy evidentes. Y ya no hablemos del síndrome abstinencial por alcohol, que en algunos casos puede llevar a la muerte. Tanto la dependencia psicológica como la física se deben situar en un contexto social. ¿Es perjudicial para el cuerpo?, esa es la pregunta. Lo del anuncio de televisión donde sale un tío comiendo huevos con chorizo para desayunar, comer y cenar. ¿Son malos los huevos con chorizo? Si se hace un uso abusivo, seguro. Es cuestión de medida y conocimiento, como en todo. En el caso de la marihuana, está claro que ninguno de estos posibles daños parecen justificar la persecución legal y policial que ha tenido. Además, la prohibición no es un fenómeno neutro, sino un fenómeno con importantes efectos secundarios, de adulteración, de corrupción del sistema, de criminalización del usuario”.
El Plan Nacional sobre Drogas, con el inefable Gonzalo Robles al frente, combate este proselitismo de la marihuana con refutables informaciones médicas. Se dice que su consumo causa la pérdida del cuarenta por ciento del sistema de defensa contra infecciones, produce taquicardia, cáncer de pulmón, lesiones cerebrales, y se cree que puede dañar los cromosomas. Para el catedrático Laporte, esta discusión acerca del daño cromosomal genético sobre la descendencia “terminó hace quince años con la aparición de un estudio donde se comparaban los efectos por separado del tabaco y la marihuana, y lo que se vio es que lo que provoca alteraciones cromosómicas es el tabaco, que altera hasta un quince por ciento de los espermatozoides. También se habla de efectos pulmonares: sin embargo, quien fuma porros, fuma entre uno y siete al día; quien fuma tabaco supera esa cifra y por lo tanto está expuesto a más humo. Y no hay estudios a largo plazo que demuestren que un fumador sólo de marihuana tenga riesgo de cáncer de pulmón”.
En cuanto a las infecciones, los estudios epidemiológicos hechos en Estados Unidos -pagados con fondos públicos -no han podido demostrar que haya una incidencia ni siquiera en los catarros, en cambio, sí se demuestra que los hijos de fumadores de tabaco tienen tres veces más faltas escolares. Más importante, según Laporte, es que “no hay disminución de función cognitiva, aquella que si falla nos puede llevar al Alzheimer o la demencia, asociada al uso de la marihuana. La taquicardia es cierta, pero también te la da una carrera repentina por la calle, y no es en si misma mala. La pérdida de memoria también es cierta. Fumar un canuto, está comprobado, hace que te olvides de las cosas más inmediatas, pero asimismo está demostrado que fumar no disminuye la memoria a largo plazo”.
La legislación sobre consumo y tráfico de drogas es reciente, por lo que la marihuana fue planta de curso legal hasta 1961, fecha en que tuvo lugar la convención única de estupefacientes de Naciones Unidas, donde se apostó por el derecho penal como arma para combatir el emergente fenómeno de las drogas. En tan sólo cuatro décadas se han demonizado sustancias y prohibido su cultivo, elaboración y consumo. ¿Cuando ocurrió esto en España, país donde en el siglo XIX se expendían remedios derivados del hashis y en el que los legionarios le dan a la grifa desde siempre?
“Fue en 1970, hace cuatro días”, aclara J.L. Felis. “Como resultado de esa convención de Naciones Unidas se regula como tal el delito de tráfico de drogas, estupefacientes y sustancias tóxicas. Siguieron otras convenciones, la última la de 1988 sobre tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrónicas, en cuyo preámbulo ya se avanza algo muy interesante: que ese tráfico ilícito genera considerables rendimientos financieros, y grandes fortunas, que permiten a las organizaciones delictivas transnacionales invadir, contaminar y conocer las estructuras de la administración pública, las actividades comerciales y financieras lícitas, y la sociedad a todos sus niveles. En consecuencia, podría decirse que algunas leyes penales son criminógenas, es decir, que provocan más delitos de los que pretenden evitar. Eso es lo que pasa con la regulación del tráfico de la marihuana. Se prohíbe algo que es difícilmente controlable por los instintos humanos, como es la necesidad que sienten algunas personas, bastantes por lo que parece, un colectivo social importante, de evadirse, de autoconocimiento, de placer, de transgredir los límites más groseros de la realidad cotidiana, esa necesidad que históricamente se conoce en muchas culturas ancestrales. Yo creo que la prohibición absoluta de esos productos, además con una sanción penal que vulnera, lesiona o atenta contra los derechos más fundamentales de la persona, como puede ser la libertad, es contraproducente. Cuando eso ocurre, una de dos, o bien es ingenua, o se impone de muy mala fe”.
En 1992, esa mala fe tuvo como aliada la nueva Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana presentada por los socialistas, defendida por el hoy dimitido ministro Corcuera -de quien tomó su acepción popular- y aprobada por las Cortes. Una ley de “patada policial en la puerta” que los tribunales declararon inconstitucional pero sigue aplicándose. J.L. Felis: “En el código actual, en el pomposamente llamado Código Penal de la Democracia, del año 1995, se hace una regulación omnicomprensiva de una serie de conductas muy variadas, adelantando la barrera punitiva, la barrera sancionadora, la barrera penal, a un cajón de sastre. El artículo 378 no define lo que sea droga, como tampoco lo hacía ninguno de sus precursores. Con esto lo que se consigue es una inseguridad jurídica, es decir una conculcación del principio de inseguridad jurídica, que es uno de los pilares fundamentales de cualquier estado de derecho moderno. En al ámbito penal tiene su correlato más directo en el principio de legalidad que precisamente exige que el legislador defina de una forma concreta, clara, cuales son las conductas que quedan bajo la sanción penal para que, un ciudadano, antes de incurrir en esa conducta, sepa exactamente a qué atenerse. Eso no lo hace la legislación penal en absoluto, y por lo tanto la marihuana queda incluida dentro de esa tan genérica formulación”.
¿Cómo vencer definitivamente este absurdo? Los antiprohibicionistas sueñan con una concentración masiva en Madrid, con autocares venidos de todos los puntos geográficos del estado, pero el problema siguen siendo los políticos, ¿la tomarían en cuenta cuando, por ejemplo, se pasan por el forro a los agricultores? La solución a largo plazo, pues la legalización si bien más próxima que hace veinte años todavía parece quedar lejos, pasa por educar a la sociedad y remediar errores históricos. “Se necesita una campaña de información objetiva, seria, veraz, que acabe con una serie de prejuicios sobre el tema absolutamente injustificados”, concluye el magistrado Felis. “Desde mi experiencia profesional diaria yo me encuentro con una frecuencia aterradora, y me quedo alucinado, con que tratas con personas que parece que deberían ser los que tuvieran un conocimiento sobre el tema, y hablo de jueces, policías, médicos, políticos, y hay una ignorancia atroz de lo que se está hablando, cuando no manipulación y tergiversación. Es el momento de plantear como acabar con esta situación trágica”.

UN INVENTO GENUINAMENTE AMERICANO
Un dato verificable: la Unión Europea está destinando ochocientas veces más fondos en ayudar a los agricultores de tabaco europeos que a las campañas contra el tabaquismo. Qué extraordinaria hipocresía. Otro dato verificable: el incremento del uso del tabaco en el tercer mundo está costeando las sanciones multimillonarias de las tabaqueras Norteamericanas, y así el tercer mundo está financiado el sistema sanitario más ineficaz del mundo. Qué terrible paradoja. Así se escribe la historia. Y así se ha escrito la historia de las drogas. Con engaños, doble moral y paternalismo.
La prohibición de la marihuana tiene su punto de partida en Estados Unidos en 1937, con la Marihuana Tax Act, y se fundamenta en un rechazo de la población inmigrante que llega al país a finales del siglo XIX y principios del XX. “Cada minoría va asociada a una droga”, recuerda Jordi Cebrián, “los irlandeses al alcohol, los mejicanos a la marihuana, los negros a la cocaína y los Chinos al opio. Las primeras descripciones de la peligrosidad de estas drogas que aparecen afirman que la cocaína hace a los negros inmunes a las balas, que los mejicanos se convierten en violadores cuando fuman marihuana, que los chinos con el opio corrompen a los jóvenes, etc. Hay otra teoría de carácter económico en cuanto a la marihuana: la industria del cañamo como productor de papel o productor textil era muy importante en Estados Unidos y, en el momento en que aparecen las fibras sintéticas, supone una gran competencia. Esto hace que determinados grupos de interés, que son justamente los que controlan los medios de comunicación, hagan una campaña fortísima y basada en mentiras, curiosamente no excusada en la salud pública sino en la idea de que la marihuana promovía la violencia y era causa de asesinatos y masacres”.
La fría mezquindad del sistema, y la ingenuidad del ciudadano estadounidense de la época, plantaban una mentira todavía irreparada. Acusar a la hierba sabia -uno de los recursos naturales más antiguos y productivos de la humanidad- de motivar violencia, cuando produce todo lo contrario, relajación y entendimiento, era una canallada, pero la juventud norteamericana debía ser salvada a toda costa de esa plaga que no sólo aquejaba a los inmigrantes mejicanos, sino también a los escritores beat y músicos de jazz, y al pionero folk Jimmie Rodgers, que desde los trenes lanzaba semillas para que los arcenes de las vías florecieran con el mágico arbusto. Sin embargo, como en las espinacas de Popeye, detrás había intereses económicos.
“Tampoco es ajena la prohibición al hecho de que Estados Unidos es un país productor de alcohol y tabaco”, concluye José Luis Felis. “Ha obedecido a razones de colonialismo económico el hecho de que Estados Unidos, a través de grandes compañías multinacionales, estuviera interesado en introducir el consumo de alcohol y tabaco en otros ámbitos culturales donde se consumían otro tipo de drogas. Hay en ese sentido una táctica capitalista de expansión de mercado. La prohibición de la marihuana es un invento genuinamente americano. Estados Unidos lleva el tema a la Sociedad de Naciones tres veces hasta lograr que se prohíba internacionalmente. Al final se incluye en las cuatro listas iniciales de la convención de 1961, una convención que no tiene las más mínimas garantías científicas, no se habla por ejemplo de anfetaminas, ni de barbitúricos, y en cambio se habla de marihuana. ¿A qué viene ese disparate? Los países occidentales, y en concreto los de la Unión Europea, han pecado de servilismo a los intereses del amigo americano. Sería bueno que nos planteáramos un desmarcaje, una política propia”.

HOLANDA, LIDER ANTIPROHIBICIONISTA
“Todo lo que llevo puesto está hecho de cañamo: mi chaqueta, mis pantalones, mi ropa interior, mis calcetines, incluso mis zapatos”, le gusta alardear a Ben Dronkers, propietario de la empresa de venta de semillas The Sensi Seed Bank y responsable del Hash Marihuana Hemp Museum de Amsterdam. Este hombre no sólo defiende la legalización con el carácter amable y tolerante de los holandeses, se ha hecho de oro gracias a la dichosa planta. Es un próspero industrial del cáñamo y sus semillas tratadas genéticamente reproducen plantas que tienen todo tipo de usos, principalmente en agricultura e industria, también en los departamentos de investigación de varias universidades europeas, estadounidenses y australianas. Además, claro está, ofrece variedades de altísima potencia para los gourmets del humo cannábico.
Lo que nos recuerda el ejemplar caso de Holanda, motor de la legalización en Europa como sabe cualquiera que se haya paseado entre los canales de Amsterdam disfrutando de los productos de sus civilizadas coffee-shops. Sin embargo, contra el tópico, debe aclararse que la marihuana no es totalmente legal en Holanda. Hasta el pasado junio se vivía una tolerancia fruto de una ordenanza de la fiscalía que minimizaba la importancia del cannabis para separarlo de otras drogas más nocivas, lo que permitía el consumo y el pequeño comercio en esos establecimientos. Actualmente, tras ser aprobada una moción en la segunda cámara del parlamento, se quiere permitir a los propietarios de los coffee-shops la compra a un cultivador regularizado, lo que les permitiría apartarse del mercado negro. El ministro de justicia se opone aludiendo que sería imposible defender esta situación ante el resto de los países europeos. Francia, en especial, siempre se ha mostrado muy beligerante al respecto.
“La discusión no tiene lugar sólo en Holanda y España”, afirma Dronkers, “sino en Suiza, en Inglaterra, en toda Europa. En el museo del cañamo que regento se comprueba que esta discusión podía haberse producido hace mil años. Los usos médicos se conocen desde la antigüedad y la historia de países como España y Holanda no sería la misma sin el cañamo. Todos aquellos barcos que descubrieron continentes y trazaron nuevas rutas, protagonistas de las aventuras de Colón y otros, no hubieran sido posibles sin el cañamo: las cuerdas, las velas, la ropa, los utensilios, casi todo en ellos procedía del cañamo”.
La Unión Europea debería sopesar los espectaculares resultados holandeses a nivel de salud pública, pues Holanda es el país de la Unión con un menor índice de SIDA gracias sin duda al control y tratamiento de sus toxicómanos. O tomar nota del comportamiento de los hooligans ingleses cuando sus equipos de fútbol visitan Holanda: actúan pacíficamente gracias a la inhalación de los apreciados productos cannábicos, lo contrario de cuando invaden beodos Bélgica, donde sólo pueden darle a la cerveza. O, sencillamente, escuchar las razones ecológicas que aportan activistas como Dronkers.
“Sabemos que tenemos un serio problema de calentamiento global y que este tiene que ver con el oxígeno y el C02”, explica. “Con el cañamo podríamos producir tanto oxígeno como la Amazonia. Esta planta no necesita insecticidas, ni pesticidas, es totalmente ecológica; es buena en alimentación, pues produce un aceite excelente. No es un enemigo, sino el mejor de los amigos. No sólo es un buen negocio para mí, también podría serlo para todos esos agricultores europeos que hoy se encuentran en tan mala situación. Quemamos combustibles minerales que llevan enterrados millones de años y están contaminando la atmósfera, cuando el cañamo puede producir un combustible más limpio. Sabiendo todo esto, debemos luchar para legalizarla. Llevo treinta años fumando marihuana y tengo el museo desde hace dieciséis, me he entrevistado con muchos políticos y mi pregunta siempre es la misma, ¿por qué? ¿Por qué está prohibida?”.

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